La distracción: Una reflexión en tiempos de Mundial

Una confesión

Creo que llevo meses distraído y recién me vengo a dar cuenta. Usualmente, solía viaja mucho, lo que me permitía acceder a momentos contemplativos que rompían la rutina y me ayudaban a encaminar mi atención y resetearme.

Pero este año casi no he viajado, salvo una pequeña escapada en enero. Ni a la playa o a Viña he ido. Ni al Santuario de la Naturaleza que queda a 20 minutos manejando de mi casa.

Y con eso caí en un estado de distracción profunda, acentuado este último mes por el Mundial de fútbol.

La economía del viejo mundo

¡Qué fácil que es prender la tele a cualquier hora, cualquier día, y tener acceso al mejor fútbol del mundo!

La excusa es que el Mundial es un mes cada cuatro años. Y eso estaría perfecto, si no pasara la mitad de los partidos pegado al celular viendo el fútbol en segundo, o incluso tercer plano.

Ahí deja de ser pasión y se convierte derechamente en distracción. En una manera de “apagar” esos pensamientos y sentimientos que viven dentro de nosotros. Pero más que apagar, se convierte en una anestesia que cuando deja de hacer efecto revela con furia todo lo que había por debajo.

Esos pensamientos y emociones que no consideramos, a los que no les prestamos atención y no nos hacemos cargo, vuelven a surgir y son capaces de agobiarnos, incluso ahogarnos.

Y en ese momento, justo se acabó la hora de espera entre partido y partido y puedo volver a inyectarme la anestesia mundialera.

“Ahí deja de ser pasión y se convierte derechamente en distracción. En una manera de “apagar” esos pensamientos y sentimientos que viven dentro de nosotros.”

¿Cómo saber si estoy distraído?

Si bien he sido capaz de darme cuenta ahora de esto con el Mundial por lo extremo de la situación, esto es algo que hacemos todos los días con Instagram, Netflix y YouTube.

Pero no sólo lo hacemos con las redes sociales y plataformas de contenido, sino que muchas veces lo hacemos con actividades productivas como el trabajo y las labores del hogar, que nos sirven para anestesiar lo que realmente sentimos.

Esto no quiere decir que tengamos que ser ascetas que renunciamos a cualquier tipo de entretenimiento, o a cualquier labor productiva (de hecho todo lo contrario), pero sí es una invitación abierta a reflexionar en la parte más íntima nuestra si es que nos estamos realmente entreteniendo o trabajando, o si utilizamos estas actividades como excusas para distraernos y anestesiar los dolores más profundos que habitan en los recovecos ocultos de nuestra mente, cuerpo y alma.

¿Y cómo puedo saber si me estoy entreteniendo o distrayendo? Tendré mi respuesta si es que soy capaz de disfrutar lo que estoy haciendo, sea lo que sea. Si soy capaz de estar presente mientras veo la serie y reír o llorar con los personajes. Si disfruto a concho mi momento de pausa para ver reels. O si estoy compenetrado con mi trabajo o mis labores del hogar, haciéndolo con amor y por amor (a mí mismo y/o a mis hijos u otros seres queridos).

En resumen, es la capacidad que tenemos para estar atentos y cultivar la presencia mientras hacemos lo que hacemos. Pero para poder lograr eso – además de escuchar recordatorios constantes como el que estás leyendo en este momento – es necesario practicarlo, especialmente si vivimos en la Gran Ciudad.

“Pero no sólo lo hacemos con las redes sociales, sino que con actividades productivas como el trabajo que nos sirve para anestesiar lo que realmente sentimos..”

Buscar la quietud dentro de nosotros

Cuando estamos absortos en la rutina, carecemos de experiencias externas que fomenten la contemplación, por lo que es precisamente fundamental buscar esos espacios dentro de nosotros.

Cuando vivimos en la Gran Ciudad, especialmente, habitamos un mundo lleno de ruidos, movimiento y distracciones. Es nuestro deber para con nosotros mismos buscar la quietud dentro de nosotros porque será el único lugar donde la podremos encontrar.

Afuera hay demasiado ruido y demasiadas distracciones como para encontrar esos momentos de paz interior, templanza y silencio. Es por eso que tenemos que ser diligentes en nuestra búsqueda de estos momentos – de este momento – sabiendo que no siempre que nos sentemos con nuestra respiración seremos capaces de lograrlo.

Es fundamental combatir la frustración si es que no nos sale a la primera, o a la segunda, o incluso a la tercera. O si un día en silencio sentimos esa quietud interior, pero al siguiente día ya no.

La clave de la meditación es la aceptación. De todo. Del momento presente. De nuestro estado emocional. De nuestros pensamientos. No es vaciar la mente o dejarla en blanco: es “simplemente” aceptar esos pensamientos. Reconocerlos. Si queremos, podemos categorizarlos en (1) memorias, (2) planes, (3) e imaginaciones, para que se nos haga más fácil reconocerlos. (Escribo la palabra “simplemente” en comillas porque esto si que es más fácil decirlo que hacerlo)

Y una vez que soy capaz de reconocer ese pensamiento, le agradezco por lo que me vino a enseñar y me siento con él.

Quizás se disipa, o quizás me vuelvo a sumir en él y nuevamente realizo el ejercicio de acecharlo y de atraparlo.

Quizás, en vez, aparece otro pensamiento que me arrastra, pero que me regala una nueva oportunidad de reconocerlo y así practicar mi atención, que es el regalo más grande que se nos ha otorgado, pero que lamentablemente desperdiciamos constantemente.

“La clave de la meditación es la aceptación.
De todo. Del momento presente. De nuestro estado emocional. De nuestros pensamientos.”

La respuesta es siempre la misma

Aunque suene repetitivo, la respuesta siempre vuelve a ser la misma.

Siempre que me alejo de mi centro, que paso por momentos difíciles en la vida en los que no tengo clara la dirección, o estoy experimentando un dolor profundo, encuentro la respuesta en la quietud de mi Ser.

No importa cuán mal la pueda estar pasando o cuán desafiante sea la situación de vida que esté atravesando, cuando soy capaz de volver a centrarme en mi respiración, observar mis pensamientos y aceptar mis emociones, recupero la certeza de que el Universo es perfecto y que todo va a salir exactamente como tiene que salir.

Y esa es mi invitación para ti ahora que terminas de leer este texto:
Tómate un momento para conectar con tu respiración. Para observar tus sensaciones corporales. Para acechar algún pensamiento que te haya estado consumiendo y no te habías dado ni cuenta. Y cuando lo observes, no lo intentes cambiar o dejar ir; tan solo velo por lo que es. Y acéptalo.

Gracias por leerme ❤️

Mi nombre es Benjamín Albagli Link y esto es Emet, un espacio para compartir reflexiones que nos invitan a mirar hacia adentro y recordar la verdad de nuestra alma.

Te invito a compartir tus pensamientos en los comentarios de lo que te dejó esta lectura.

Si resuena contigo, también te invito a conocer mis sesiones de acompañamiento individual y mis talleres grupales, donde llevamos estas reflexiones a la práctica.

También estoy pensando en empezar una comunidad donde nos juntamos una vez a la semana a meditar y reflexionar. Si es algo que te interesa, envíame un correo a albagli.benjamin@gmail.com para considerarte.

Siguiente
Siguiente

¿Cuál es el valor real del dinero?